Hay historias que empiezan mucho antes de coger una cámara profesional. La mía empezó siendo un niño, mirando a través del visor de una vieja Pentax del 75 que tenía mi madre. Recuerdo perfectamente la sensación: al mirar por aquel visor, todo cambiaba. El ruido desaparecía y la vida parecía una película. Era como si, por un instante, pudiera aislar lo importante del resto del mundo.
Desde entonces siempre he vivido los momentos de una forma muy visual. Muchas veces siento la vida como un espectador: observando pequeños gestos, luces, miradas o escenas cotidianas que, en mi cabeza, ya tienen un encuadre, una atmósfera e incluso una banda sonora. La fotografía nació para mí de esa necesidad de hacer tangible aquello que veía y sentía por dentro. De ponerle un marco a un instante para conservarlo tal y como lo viví.
Con el tiempo empecé a estudiar y fotografiar cada vez más, hasta que la inquietud se volvió profesión. Hoy trabajo en bodas, moda, producto y proyectos personales desde esa misma forma de mirar: buscando emociones reales, estética cinematográfica y momentos que duren más allá del propio instante.
En las bodas, especialmente, me gusta acompañar sin invadir. Observar desde dentro, con sensibilidad. Capturar esos segundos fugaces que muchas veces pasan desapercibidos: una mirada de amor, unas manos que arropan, una sonrisa sincera o la forma en la que la luz baña el momento. Mi intención siempre es la misma: convertir momentos reales en recuerdos eternos, con una imagen cuidada y llena de emoción.Hacer fotos que transmitan las sensaciones del momento.
¿Me dejas contar tu historia?